
La semana pasada asistí a una conferencia de ditética y nutrición. Me impactó mucho todo lo que escuché, principalmente porque eran cosas que, aunque nunca nos las hayan dicho antes, en cierta manera nuestro cuerpo ya lo sabe.
Explicaban algunos conceptos de la macrobiótica y se centraban en el efecto que tenían en nuestro cuerpo y nuestra mente los distintos alimentos, destacando como nocivos: el azúcar, el cerdo, las harinas refinadas, el alchol y las carnes rojas.
La macrobiótica se basa en el concepto de equilibrio entre los distintos alimentos y que efecto tienen sobre la persona que los ingiere; siendo el alcohol y la carne roja ejemplos de alimentos desequilibrantes (y opuestos), al mismo tiempo que los cereales o granos integrales (arroz integral, trigo integral, etc.) se encuentran justo en el punto de equilibrio ideal.
No está dentro del ámbito de este blog explicar qué es la macrobiótica; además, tampoco tengo intención de cambiar radicalmente mis habitos en las comidas. Lo que si que he querido es escribir unas líneas para explicar mi "Desafío 7 días: arroz integral".
En la conferencia me animaron a hacer una prueba: comer durante siete días únicamente arroz integral hervido y agua o sopa de miso: desayuno, comida, merienda y cena. Los motivos de la prueba son varios:
- Limpiar el organismo de gran cantidad de componentes tóxicos de los que nos alimentamos diariamente: azúcar, sal refinada, grasas hidrogenadas, harinas tratadas, conservantes, colorantes, carnes hormonadas, aceites saturados, alcohol, cafeína, etc.
- Someter a la mente a una prueba, en la que uno se pueda dar cuenta de la cantidad de adicciones que le controlan mecánicamente, sin ni siquiera saberlo: adicción al azúcar, a la grasa, a lo salado, a lo sabroso, a lo picante, etc.
- Recuperar el sentido del gusto completamente saturado a lo largo de los años por sabores cada vez más fuertes e impactantes
- ... y por qué no, si la experiencia es satisfactoria, realizar después pequeños cambios en la manera de comer. O por lo menos ser más conscientes de cómo nos afecta lo que ingerimos a dirario
El desafío comenzó con la nueva semana: el domingo herví 1 Kg de arroz integral, lo separé en tappers y lo dispuse delicadamente en el frigorífico. La pinta que tenía era terrible: una argamasa digna de servir para fijar de nuevo todas las baldosas del cuarto de baño. El domingo cené como lo haría un reo en su última noche.
Lunes
- El lunes por la mañana, todavía exhausto de la cena del día anterior, no tuve valor de comenzar comiendo un plato de arroz integral. Así que me bebí un vaso de agua y me fuí a la oficina
- A la hora de comer, y aunque a media mañana me había tomado una sopa de miso, como el hambre apretaba me comí un plato de arroz integral enorme, únicamente condimentado con semillas de sésamo tostado. Se confirmaron mis sospechas: estaba tan asqueroso que eso no se lo comían ni los perros.
- Para la cena fue más fácil, pues ya sabía lo que me esperaba y venía hambriento del entrenamiento. Acabé el día sin mayores problemas
Martes
- Por la mañana me armé de valor y me tomé un plato de arroz integral. Después de todo no fué tan mala la cosa
- No notaba ningún síndrome de abstiencia, claro que me hubiese dasayunado un café con leche y un buen bocadillo de queso, pero estaba totalmente concentrado en el desafío
- La comida es la que menos me cuesta, ya que es un tapper que me tomo en la oficina, el arroz integral se hace fácil de calentar y comer, además de que se digiere fácilmente y no te da sueño por la tarde
- La cena del martes sí que fué más complicada. La abstinencia se empezaba a notar ya que las cenas las tengo asociadas a "el descanso del guerrero", donde uno acaba el día y se premia con una buena cena: cervecita, pan con tomate, una buena ensalada, embutido, queso, etc. Hubiese matado por una pizza 4 quesos
Miércoles
- De nuevo el calvario del desayuno: me bebo un vaso de agua entero nada más levantarme para ver si el esófago se dilata y entra el arroz
- Me olvido el tapper en casa, así que salgo a la calle intentando buscar algún sitio donde me den arroz integral para comer. Después de recorrer todo el barrio del Born, empiezo a caer en la cuenta de que el Kebbab parece ser mucho más comercial. Al final desisto y voy a casa a comer
- Una de las cosas que he empezado a notar, a parte de que me estoy cansando del arroz integral, es que apenas desprendo olor corporal. La ropa apenas se mancha, la piel está menos grasa, las manos sudan menos y durante el entreno de la noche, en el que sudo como siempre, no sólo me encuentro ligero y con energía, sino que el sudor es como agua: a penas huele.
- Otro detalle psicológico, tal vez es por no tomar café, es que duermo mejor, con menos tensión. Y las cosas parecen afectarme menos: no me siento nervioso, pero tampoco tengo sueño. Por otra parte, tampoco estoy especialmente eufórico. Es como si la gráfica de euforia, nervios, asiedad, se hubiese aplanado en un estado de equilibrio
- Estaba esperando un síndrome de abstinecia más agudo, pero de momento el cuerpo y la mente parecen estar tranquilos, aunque hartos del sabor del arroz integral
- Evidentemente he cenado arroz integral con sésamo tostado...
Continuará...
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